viernes, 1 de marzo de 2019

Artículo de Sara Sánchez Malaver de 4º ESO-C

No os perdáis este maravilloso artículo de la alumna de 4º ESO-C, Sara Sánchez Malaver, toda una propuesta para reflexionar y entusiasmarnos por  avanzar por el canino del conocimiento y construir entre todos un mundo mejor: 


                                                         La Educación en Venezuela


La crisis política y económica de Venezuela se ha convertido en un lacerante problema que ha perjudicado la educación tanto como a los demás sectores de la cotidianidad. Como resultado de la eviterna inestabilidad que reina en la nación, la educación se ha visto impactada por el deterioro de la calidad de vida.


La crisis económica afecta a la sociedad y por tanto, la forma en la que esta percibe el mundo a su alrededor. La educación ya no se considera una prioridad absoluta en el universo de los venezolanos. Según el país cae en una espiral de anarquía, la violencia se cierne vasta, trasladándose consecuentemente a los jóvenes y en las escuelas. Los adolescentes pierden el respeto por los mayores y las figuras de autoridad, pues a su alrededor solo reina el caos: de la misma forma en la que los cuerpos de seguridad y gobiernos no siguen las reglas, ellos pierden la disciplina que rodea su experiencia educativa. Debido a la ubicua agresividad que rige sus vidas, los jóvenes no sienten más la necesidad o la obligación de mostrar deferencias o amabilidad.
El país entero se deteriora hacia una cultura de negligencia y pereza. La raíz del problema es la carencia de metas por las que esforzarse con pasión. Sin mayores objetivos a los que poder aspirar, a los adolescentes ya no les importa la educación.
Esta situación se traslada a las aulas de clase. Sin respeto por la enseñanza, no existe voluntad de apreciar el sistema educativo, que, en cambio, es tratado con rudeza, mientras se desdeña todo lo que todavía queda en pie, al considerarlo insignificante. El resultado es una irrisoria fe en la educación, anodina y diminuta, que no es suficiente como para mantenerla en funcionamiento.
La verdadera solución yace justo al lado del problema: a través de la concientización de los jóvenes. Los estudiantes deben entender que la educación no es solo una responsabilidad, sino también un privilegio que puede abrirles muchas puertas y ofrecerles oportunidades. En sus casas y familias, los adolescentes deben aprender a estimar su sistema educativo, a pesar de sus fisuras: por muy poco que todavía se mantenga en pie, esto siempre será mejor que no tener nada.
Todo el país debe hacer un esfuerzo activo para recordarle a cualquiera que se atreva a dudarlo que la educación es una herramienta que nos permitirá desarrollar nuestra visión del mundo y nuestra capacidad de entendimiento mutuo. Los docentes no deben frenar el ritmo y deben continuar su labor, independientemente de qué tan ardua pueda llegar a ser. Mientras, el resto de nosotros debemos apoyarlos a la par que luchamos contra la violencia y la ignorancia. La belicosidad y agresividad serán combatidas y erradicadas siempre y cuando los venezolanos creamos en la educación como una de los pilares fundamentales, una piedra angular del progreso del país.
Los medios de comunicación han de luchar parar dejar en claro que los colegios son el futuro. Los jóvenes deben disfrutar el estudio, incluso a través de programas que los exhorten a ello; así percibirán cada clase como una oportunidad de mejorar sus vidas. Necesitan motivación, esperanza, en medio de todas esas sombras que los rodean. Los mayores necesitan creer en la educación, para quelas futuras generaciones también puedan hacerlo.

Finalmente, los profesores deben continuar con su labor. Deben luchar con todas las armas a su alcance: sus conocimientos e ideas, para que los más jóvenes puedan beneficiarse de ello y también apreciar su esfuerzo, su dedicación abnegada, batallando con estoicismo contra las adversidades, por la formación del futuro del país.

Los docentes deben creer, incluso cuando hoy parezca una idea ciega, que están haciendo una diferencia, que están aportando un vasto grano de arena a la construcción de una mejor sociedad. Nosotros los necesitamos con desesperación. Deben mantener la fe, puesto que es la fe el motor del cambio.

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